martes, 10 de diciembre de 2013

2.- La Catedralina


Al lado mismo de la cuadra del Chispún, había una casa prácticamente en ruinas, con una escalera exterior de piedra, donde nos daba clase Manolín. Sus alumnos la conocíamos en clave como “La Catedralina”, nombre altisonante por dar lustre a aquellas piedras, que le dieron los alumnos mayores: Jandro Gutiérrez García y Paco González Cabrera. Aquella humilde institución de enseñanza libre, fue uno de los cimientos de mi dedicación posterior a la enseñanza y, desde luego, los inmediatos del aprendizaje en el Cálculo y la Aritmética. Félix Gutiérrez Rodríguez, Juan Armando Alles Tamés y yo, éramos los más jóvenes, con apenas nueve, siete y seis años, respectivamente. Podría ser que hubiera otros alumnos en distintos horarios al mío, que ahora no puedo recordar.
– La corta edad no es impedimento, les dijo a mis padres, – si como decís, ya sabe leer, escribir y contar. Aceptó a que comenzara el siguiente lunes.
Con mi primer maletu de madera que me habían dejado los Reyes Magos, me fui a mi primera clase con Manolín el de Vicentina. Trepé por los altos escalones de la empinada escalera. Dentro me encontré de lleno con mis primeros compañeros de aula. Manolín me acomodó delante del gran tablero común que hacía de mesa para todos sobre una silla plegable que bajó a buscar al Chispún.
Recuerdo su carácter alegre no exento de enfado cuando alguno de los mayores, a sus espaldas, más por juego que por falta de respeto, le desencajaban los palos de la hamaca en la que se solía sentar aparte para dictar o para leer en sus gruesos libros de Química, mientras tanto acabábamos nuestras tareas.
Los rayos de sol se colaban por entre las ripias y tejas de la vieja techumbre y lo mismo ocurría con el agua en los días de lluvia, cuyas gotas cascabeleaban sobre los diversos recipientes que para recogerlas abundaban en el piso de la desvencijada aula.
Una rudimentaria talla sobre el cuarterón de la puerta de entrada, representa una cruz, vestigio de tiempos mejores para aquel edificio, fue con toda seguridad el origen del nombre que sus alumnos le habíamos dado; “la Catedralina”.

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